Lo mejor y lo peor de la COP25 y nuestra misión

En diciembre de 2019 se celebró la Conferencia de las Partes número 25, más conocida como COP25. En esta cumbre participaron centenares de países con el objetivo de acordar medidas para frenar el cambio climático. Según muchos de los grandes referentes que acudieron al evento, los resultados fueron débiles. No obstante, nosotros acudimos a esta gran cita del medioambiente –que, aunque estaba prevista en Chile, se llevó a cabo finalmente en Madrid– con una misión: conocer el comportamiento y las preferencias de las personas que donan.

Madrid organizó el evento en un mes

La previsión era que la cumbre se realizase en Chile, país organizador. Y, aunque la presidencia del evento siguió recayendo sobre la ministra chilena de medioambiente, Carolina Schmidt, las protestas y revueltas sociales de los últimos meses en el país sudamericano obligaron a trasladar la cumbre a otro lugar; en este caso, Madrid.

Los organizadores españoles dispusieron de un mes para adaptar el COP25 a la nueva ubicación en IFEMA. Estaba previsto que el evento comenzara el 3 de diciembre y terminase el 13, pero finalmente lo hizo dos días más tarde, el 15 de diciembre. Los desacuerdos entre los distintos países generaron este retraso y dieron lugar a la conferencia climática más larga de la historia.

Acuerdos dispares sobre las medidas

Muchos ecologistas, especialistas, organizaciones y gobiernos comprometidos con el medioambiente quedaron decepcionados con los resultados de las negociaciones de la cumbre. Solo 84 países aseguraron programas estrictos con el objetivo de disminuir las emisiones durante el año 2020, entre ellos España, Francia, Alemania o Reino Unido. Los grandes ausentes en estos acuerdos fueron también los países que lideran las gráficas de emisiones contaminantes: China, Estados Unidos o Rusia. Ellos no se comprometieron y este hecho generó cierta frustración entre muchos de los asistentes a la cumbre. Al fin y al cabo, la diferencia global sería demasiado pequeña si los principales responsables no se comprometían como los demás.

Nuestro papel en la COP25

Desde Pumilio no quisimos perder la oportunidad de vivir en primera persona un evento de esta magnitud, especialmente con las facilidades que nos propiciaba el hecho de que se llevase a cabo en Madrid. Tuvimos acceso a la Zona Verde, la parte genérica abierta a todos los visitantes, y denotamos una presencia limitada de proyectos y de propuestas que resolviesen delitos ambientales en territorios indígenas de todo el mundo. Cabe mencionar los distintos proyectos chilenos, que destacaron, puesto que Chile era el país organizador del evento y el lugar donde inicialmente se iba a celebrar.

Pero pasear y analizar iniciativas no era nuestro principal cometido. Nuestra misión en la COP25 era recabar información sobre las preferencias y las opiniones de las personas que donan parte de sus recursos a causas u organizaciones medioambientales. Como puente entre organizaciones y personas, creemos que es muy importante saber qué buscan ambos en cada momento. Es por esta razón que estuvimos realizando entrevistas para determinar los comportamientos de la sociedad civil y sus motivaciones a la hora de hacer una donación. Nuestra incógnita era, en pocas palabras, la siguiente: ¿la gente dona a un proyecto ambiental por el simple hecho de ayudar o hay otros motivos?

Más allá de los sucesos globales de la propia COP25, para nosotros fue una experiencia sumamente enriquecedora y queremos agradecer a todas las personas que formaron parte de nuestra iniciativa su tiempo y dedicación. Estas son algunas de las opiniones que los asistentes al evento compartieron con nosotros:

  • “Más allá del hecho de donar, me gustaría ser partícipe de algo”.
  • “Quiero saber en qué se invierte mi donación. Por ejemplo, si escojo yo el proyecto, quiero saber dónde ha ido el dinero. También que se me pregunte si deseo ser voluntaria. Eso me haría sentir implicada”.
  • Me resulta violenta la comunicación de muchas organizaciones. Es acusativa, de ‘buenos y malos’, y genera tensión. Usan el lenguaje por encima de la causa”.
  • “A veces la ayuda es el problema. Por ejemplo, cuando una organización construye una escuela en un lugar necesitado y se marcha sin formar a los habitantes. Todo lo que han hecho se pierde en ese instante”.

Tras finalizar la COP25 de diciembre de 2019, se dio a conocer que los temas climáticos centrales se posponían hasta la próxima Cumbre del Clima –que se llevará a cabo en Glasgow el año 2020–, debido a la incapacidad de llegar a un entendimiento. Nació, no obstante, Chile-Madrid, Tiempo de Actuar, un acuerdo duramente criticado por su presunta falta de ambición en cuanto a la reducción del CO2. La ONU ya advirtió de que los esfuerzos globales debían multiplicarse por cinco para que la temperatura del planeta no aumentase más de 1.5 grados. Si tenemos en cuenta los planes presentados hasta el momento, se calcula que este incremento llegará a los 3.2 grados. 

Desde nuestro punto de vista, y aunque cumplimos con éxito nuestra misión, el evento separaba demasiado ciertas temáticas y a distintas personas. Debería intentar mezclar las ponencias de algunas zonas, como la de Acción sectorial por el clima y la de Sociedad civil. En estos casos, se veía claramente una dicotomía entre diferentes tipos de público, uno más empresarial y adulto y otro más informal y joven. Ambos mundos –y en esta reflexión podríamos también incluir a los propios países que formaron parte de la cumbre y no fueron capaces de llegar a un acuerdo positivo y determinante para el medioambiente– deberían tratar de comunicarse entre ellos para complementarse y aprender el uno del otro.