Los beneficios colaterales de la crisis pandémica

Calles silenciosas, carreteras vacías, avenidas solitarias que recorren grandes ciudades rodeadas por autopistas prácticamente deshabitadas. Son los resultados de las últimas medidas tomadas para sobrellevar y vencer al COVID-19, el famoso y temido coronavirus que asola ahora a la población de todo el planeta. Muchos países, entre ellos España, promueven el confinamiento de la población con el objetivo de pararle los pies a la pandemia. Parece que, poco a poco, estas medidas por fin se reflejan en los números de contagios, que disminuyen día a día, pero la mayoría de nosotros no habíamos pensado en las otras consecuencias que tendrían estas medidas. Unas consecuencias colaterales, indirectas e igualmente positivas. En España –igual que pasó semanas atrás en Italia o hace meses en China– la contaminación del aire está cayendo drásticamente. El nivel de dióxido de nitrógeno (NO2) en las principales ciudades de la península ha disminuido una media del 64%, una gran noticia para la calidad del aire que respiramos. ¿Seremos capaces de mantener la salud de nuestro entorno cuando estas medidas terminen y le hayamos ganado la batalla al COVID-19?

Los peligros del dióxido de nitrógeno

El dióxido de nitrógeno (NO2) es una de las sustancias nocivas que emiten los vehículos a motor y se usa como referencia para calcular niveles de contaminación. Sus consecuencias en la salud son conocidas: afecta directamente a las vías respiratorias y puede empeorar enfermedades cardiovasculares.  

Barcelona, Madrid y Valencia las ciudades con menos contaminación

De acuerdo con el estudio realizado por la Universitat Politècnica de València (UPV), la media de descenso de la cantidad de dióxido de nitrógeno es del 64% en las ciudades más grandes del país. Barcelona encabeza la lista, con un 83% de disminución en las emisiones. La sigue Madrid, con un 73% y, en tercer lugar, Valencia, donde los niveles han bajado hasta el 64%. 

Estas consecuencias inesperadas ya se notaron en China 

Otros lugares afectados por el coronavirus, especialmente Wuhan, en China, o el Norte de Italia, han mostrado previamente patrones similares en cuanto a la calidad del aire. Las medidas de confinamiento y cese de actividades tomadas por los gobiernos de estos países se han convertido en una bendición para el medioambiente: la contaminación atmosférica ha caído significativamente. 

Hace unas semanas veíamos constantemente unas imágenes comparativas de Wuhan: una previa a la crisis del coronavirus y la otra, posterior. Estas instantáneas satelitales publicadas por NASA y la Agencia Espacial Europea dejaban constancia de la increíble bajada de emisiones de NO2 y de la consecuente mejora de salud del aire de la zona.  Allí, ahora que la vida está volviendo lentamente a la normalidad, la incógnita es la misma: ¿seremos capaces de mantener unos niveles de contaminación más bajos después de esta crisis mundial?